
Se comunicó conmigo Macarena, profesora de cerámica de la ciudad de Tandil. Ella recibe a sus alumnos en su propio taller y me compartió ésta foto donde se ve la pared de su frente. Así estaba antes de ser intervenida. Blanca, aburrida, gastada, no comunicaba NADA ni tampoco llamaba la atención.

Me contó que ella es fanática de los gatos. En su taller vive Sakura, que custodia y vigila a todos los que entran y salen de su territorio. Su idea era representar a gatitos realizando cada uno sus propias piezas de cerámica en el taller. Me compartió algunas referencias que armó con chat gpt y me pidió que a partir de eso, creara mi propia versión para plasmar en la pared.


Además, había un pedido especial, quería que los gatitos fueran de ojos saltones y BIEN grandes. Me pasó ésta referencia para mostrarme cómo se imaginaba ella que quería los ojos de los personajes y me comentó que ella es fanática de Studio Ghibli y sus películas animadas. En particular, su animación favorita es la de Mi vecino Totoro, un gato enorme con un porte muy particular.


Con toda esta información, tomé unos colores de mi taller de pintura y me dirigí a la pared para realizar los primeros trazos y pensar cómo iba air armando el mural a medida que avanzaba.
Primero marqué la línea del piso y le di un marco de contención blanco a la obra para que se viera mejor en el entorno.
La obra la voy resolviendo a medida que veo cómo van quedando los colores y las formas que voy planteando. Busco que la obra quede equilibrada compositivamente, y que tenga armonía. Yo quería que la pintura fuese como una ilustración, como si fuera sacado de un cuento para chicos. Me gustó el color marrón de la referencia que me pasó y con ese color pinte el suelo y parte de la estantería donde se apoyan las piezas de cerámica.
Algunos de los personajes usan el torno y otros moldean la figura con las manos mientras uno de ellos mira fijamente al espectador mientras toma unos mates. Hay un detalle que a Maca le encantó: le pinté un poster de Totoro en la pared del taller, como si fuera una decoración propia del lugar.
Lo que más me gustó: la atención de los vecinos. En el barrio nadie sabía que se daban clases en ese lugar!! No sabían que se realizaban piezas de cerámica y a partir de la realización del mural, todos se enteraron. Los vecinos pasaban y preguntaban, se sacaban fotos, me felicitaban. Es increíble como impacta el color en el espacio y sobre todo en la vía pública.
